La carta de rechazo que recibió The Clash en 1977 por un gerente gringo.

English punk rock group The Clash, New York, 1978. Left to right: singer Joe Strummer (1952 - 2002), bassist Paul Simonon, guitarist Mick Jones and drummer Nicky 'Topper' Headon. (Photo by Michael Putland/Getty Images)
English punk rock group The Clash, New York, 1978. Left to right: singer Joe Strummer (1952 – 2002), bassist Paul Simonon, guitarist Mick Jones and drummer Nicky ‘Topper’ Headon. (Photo by Michael Putland/Getty Images)

Todos estamos expuestos al rechazo en cualquiera de sus formas y tamaños, pero fácil no hubiera sido imaginarse a un caza-talentos despreciando The Clash en uno de los años claves de la música británica en el siglo XX.

Claro, subrayemos divisiones y que inicie la ronda inicial. Independientemente de la antiguedad de una a otra, Estados Unidos y el Reino Unido han sido zonas de contienda cultural en ese aspecto que llamamos música. Ya saben, Ramones o Sex Pistols, Oasis o Nirvana, The Killers o Arctic Monkeys. Bandas amigas tras bastidores y escenarios pero antagonistas en una industria que se mueve de acuerdo a intereses o asuntos culturales fuera de sus manos.

Blur y Oasis, 2 de los exponentes más importantes de la música británica en los 90, no lograron repetir, con la misma magnitud, el suceso local en el norte de América, especialmente la banda de Damon Albarn por tener un sonido “muy británico”. Por el lado de los Gallagher, repasemos lo que le dijo Noel a CNN en 2012:

«Los estadounidenses todavía están demostrando ser unos tontos rebeldes; sin embargo, no sé lo que está pasando allí. ¿Tienen un sin sabor? ¿Cómo pueden ser los de Green Day multimillonarios allí y yo no? Es una tontería, ¿no?»

Vuelta atrás, esta semana se disparó en internet la carta que escribió Bruce Harris, cabecilla de Epic Records, a The Clash en 1977. Pese a ser un fan ávido de la banda, consideraba que serían un fracaso en ventas, por lo tanto, debía velar por los intereses de la compañía que representaba.

«Mi responsabilidad no es lanzar discos que me gustan, sino álbumes que sienta que le generarán ganancia a la compañía»

Para Harris el debut de The Clash sería un miserable fracaso en cambiar la tez del mercado norteamericano, además, ‘pese a sus increíbles letras, música abrasiva y presentaciones efervescentes’, su producción quedaba muy por debajo de sus estándares de calidad.

Finalmente, tras la resonancia que tuvo el material en años posteriores, Epic lo lanzó en 1979, y 12 años más tarde recibió la certificación de disco oro en ese país.

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